Desde hace unos años, la moda ha cambiado mucho, ahora las tiendas sacan nuevas colecciones frecuentemente, cosa que antes no se hacía; aparecen nuevas tendencias cada poco tiempo a precios muy bajos, lo que ha dado lugar al fast-fashion, que ha hecho que mucha gente cambie sus hábitos y gaste mucho más en ropa y accesorios. Este suceso se puede ver reflejado en el coste de oportunidad, las externalidades negativas y el consumismo.

El fast-fashion consiste en fabricar ropa de forma abundante a bajo precio y gran velocidad, y venderla a precios relativamente bajos para que todo el mundo pueda acceder a ella. Lo que ocurre con esto es que la gente quiera comprar frecuentemente, ya que es un precio tan asequible que incita a gastar, aunque no sea necesario.

A parte, hoy en día con las redes sociales y las/los influencers que patrocinan y siempre están a la moda, nos hace querer ser iguales y gastar más. Además, muchas veces compramos por impulso, en rebajas, por ejemplo, pensamos que algo es una ganga y estamos aprovechando, pero en realidad no, luego pasa de moda y nos olvidamos o nos arrepentimos de haber comprado por comprar, lo que demuestra que la mayoría de las veces compramos más por deseo que por necesidad.

Pero no todo es bueno, porque el fast-fashion también tiene su parte mala. 

Una de las grandes consecuencias es el coste de oportunidad, se trata de renunciar a una cosa por la otra, a lo que renuncias básicamente, y tiene mucho que ver con el fast-fashion, ya que parece que no, pero como vemos precios tan bajos, gastamos más dinero inconscientemente, dinero que podría ser para cualquier otra cosa. Por ejemplo, si me gasto 10€ en un pantalón que en realidad no era necesario, estoy renunciando a usar ese dinero para otra cosa. Podría haberlo ahorrado, habérmelo gastado en alguna actividad divertida o simplemente invertirlo en ropa de mayor calidad que dure más tiempo. Por eso, aunque la compra parezca pequeña, si se hace continuamente hay un gran coste de oportunidad del que no nos damos cuenta.

Por otro lado, el fast-fashion también genera externalidades negativas, es decir, cuando una persona o empresa hace algo que perjudica al resto y no paga por sus consecuencias. Esto lo podemos ver claramente en la fabricación de la ropa, quieras o no una fábrica contamina muchísimo, y más si son textiles, se gasta mucha agua y se producen residuos demasiado malos para el medio ambiente, por no mencionar que muchas de estas prendas son de muy mala calidad, lo que hace que duren menos y nos deshagamos de ellas antes, produciendo muchos más residuos. Sin contar con que no es solo la contaminación, también es explotación. En algunos países estas empresas contratan a personas en pésimas condiciones, un ambiente laboral muy malo, trabajando muchas horas con un salario muy bajo, y eso es algo que normalmente los consumidores no ves ni son conscientes, por lo que el fast-fashion afecta negativamente a miles de personas y al planeta.

Esto no significa que haya que dejar de comprar ropa, sino que hay que empezar a hacerlo de manera más consciente, pensando en nuestro bien y en el de todo el mundo, porque, aunque el fast-fashion nos permite comprar ropa a bajo precio, también tiene sus consecuencias malas, fomenta el consumismo y genera unas externalidades negativas muy malas, tanto para las personas como para el medio ambiente, es importante reflexionar antes de actuar.

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